DIABETES MELLITUS Y MEDICINA DE PRECISIÓN


La diabetes mellitus es actualmente un problema de salud pública de primer nivel. Según datos de la Organización Mundial de la Salud el número de personas con diabetes ha aumentado de 108 millones en 1980 a 422 millones en 2014 y su prevalencia en adultos mayores de 18 años ha pasado en ese período del 4,7% al 8,5%. Estimando esta misma institución que en el año 2015 fue la causa directa de la muerte de 1,6 millones de personas.
Los primeros datos de estas enfermedad se encuentran recogidos en el papiro de Ebers (1500 a.C.), pero no es hasta que se consigue aislar la insulina por Banting y Best cuando el pronóstico de la diabetes tipo I cambia radicalmente.


Como en muchas otras enfermedades los estilos de vida intervienen de forma importante especialmente en la conocida como diabetes tipo II, una  dieta saludable, la actividad física regular, el mantenimiento de un peso corporal normal y la evitación del consumo de tabaco está demostrado que previenen este tipo de enfermedad o al menos retrasan su aparición.

Se ha publicado este mes de Marzo en la revista Lancet Diabetes & Endocrinology siendo el  primer firmante la Dra. Emma Ahlqvist, un estudio realizado por diferentes universidades suecas y finlandesas donde en el período del año 2008 al 2016,  177 instituciones sanitarias registraron 14625 pacientes de 0 a 96 años de edad dentro de los 40 días posteriores al diagnóstico.



Realizaron el genotipado a 5625 personas, siendo excluidos 1714 por falta de un origen sueco y otros 164 por otros motivos, analizando polimorfismos en 14 genes diferentes.

Los agrupamientos se  basaron en seis variables (los anticuerpos antiglutamato decarboxilasa, la edad en el momento del diagnóstico, el índice de masa corporal, la HbA1c y los HOMA2-B y HOMA2-IR).

Se identificaron cinco grupos de pacientes con diabetes, que tenían diferencias significativas así como diferente riesgo de complicaciones diabéticas. En particular, las personas en el grupo 3 (el grupo que presentaba una resistencia severa a la insulina) tenían un riesgo significativamente mayor de enfermedad renal diabética que los individuos pertenecientes a los grupos 4 y 5 (diabetes relacionada con obesidad media o con la edad), pero que sin embargo les habían sido prescritos tratamientos similares. El grupo 2 que presentaba una deficiencia severa de insulina tenía el mayor riesgo de retinopatía. El grupo 1 estaba constituido por aquellos con una diabetes auntoinmune.

De igual forma se apreciaron diferencias genéticas en los subgrupos de diabetes no autoinmune (grupos 2 a 5), siendo especialmente patente en los genes TCF7L2 (rs7903146) y KCNQ1 (rs2237895).

La estratificación realizada por los autores a los pacientes en cinco subgrupos con diferente progresión de la enfermedad y riesgo de complicaciones puede ayudar a adaptar y dirigir el tratamiento temprano que sería más beneficioso, lo que representa un primer paso hacia la medicina de precisión en la diabetes.

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